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Cuando su bebé se enferma

Convulsiones febriles

Una convulsión se caracteriza por espasmos musculares repentinos o pérdida de la conciencia. Algunas convulsiones se desencadenan por un estado febril (fiebre) y se las conoce con el nombre de convulsiones febriles. Aunque por lo general una convulsión febril no le produce daño alguno al niño, puede ser sumamente aterradora para los padres.

El cuerpo del niño se endurece; él revuelve los ojos y no responde cuando le hablan. En otros casos, el niño puede caerse al piso y sacudir bruscamente los brazos y piernas.

Alrededor de 1 de cada 25 niños tienen al menos una convulsión febril. De estos niños, alrededor de 1 de cada 3 tiene más convulsiones antes de que desaparezcan.

Las convulsiones, en general, se presentan durante la fase inicial de una enfermedad, como roséola, resfriados o una infección gastrointestinal.

La mayoría de las convulsiones febriles duran menos de 1 minuto, aunque en ocasiones pueden durar hasta 15 minutes. Por lo general, ocurren sólo una vez durante un período de 24 horas y atacan tanto el lado derecho como izquierdo del cuerpo.

Otros tipos de convulsiones (como aquellas relacionadas a la epilepsia) pueden durar más tiempo, ocurrir con más frecuencia o afectar sólo ciertas partes del cuerpo. Un niño con convulsiones febriles no tiene epilepsia. Sin embargo, podría tener un riesgo elevado de desarrollar epilepsia en comparación a un niño que nunca ha tenido una convulsión febril.

Las convulsiones febriles parecen correr en familias. Los niños menores de un año que han tenido una convulsión febril tienen alrededor de un 50 por ciento de probabilidad de tener otra. En algunos casos, el médico recomienda medicamentos para evitar otras convulsiones febriles.

Qué puede hacer:

Si el niño tiene una convulsión:

  • Acuéstelo en la cama o en el piso. Retire todo objeto duro o filoso del área.
  • Colóquelo de costado o con la cabeza hacia un costado. Esto ayudará a que no se ahogue en caso de vómitos.
  • No coloque nada en la boca del niño.
  • Llame al profesional de la salud cuando se detenga la convulsión. Puede recomendar algunos estudios para descartar infecciones u otras causas. Si el profesional no está disponible, lleve al niño a la sala de emergencias.

Pídale a otra persona que llame para recibir asistencia médica de emergencia mientras usted permanece con el niño si:

  • La convulsión dura más de 2 ó 3 minutos
  • El niño tiene dificultad al respirar

Para ayudar a evitar otra convulsión, controle la temperatura del niño durante la enfermedad. El profesional de la salud del niño puede recomendar acetaminofen (Tylenol) para bebés o niños pequeños o ibuprofen (Motrin o Advil) y baños de esponja con agua tibia.

No abrigue demasiado al niño cuando esté enfermo o tenga fiebre. La temperatura puede subir todavía más si está vestido con varias capas de ropa.

Revisado en diciembre de 2013

Una convulsión se caracteriza por espasmos musculares repentinos o pérdida de la conciencia. Algunas convulsiones se desencadenan por un estado febril (fiebre) y se las conoce con el nombre de convulsiones febriles. Aunque por lo general una convulsión febril no le produce daño alguno al niño, puede ser sumamente aterradora para los padres.

El cuerpo del niño se endurece; él revuelve los ojos y no responde cuando le hablan. En otros casos, el niño puede caerse al piso y sacudir bruscamente los brazos y piernas.

Alrededor de 1 de cada 25 niños tienen al menos una convulsión febril. De estos niños, alrededor de 1 de cada 3 tiene más convulsiones antes de que desaparezcan.

Las convulsiones, en general, se presentan durante la fase inicial de una enfermedad, como roséola, resfriados o una infección gastrointestinal.

La mayoría de las convulsiones febriles duran menos de 1 minuto, aunque en ocasiones pueden durar hasta 15 minutes. Por lo general, ocurren sólo una vez durante un período de 24 horas y atacan tanto el lado derecho como izquierdo del cuerpo.

Otros tipos de convulsiones (como aquellas relacionadas a la epilepsia) pueden durar más tiempo, ocurrir con más frecuencia o afectar sólo ciertas partes del cuerpo. Un niño con convulsiones febriles no tiene epilepsia. Sin embargo, podría tener un riesgo elevado de desarrollar epilepsia en comparación a un niño que nunca ha tenido una convulsión febril.

Las convulsiones febriles parecen correr en familias. Los niños menores de un año que han tenido una convulsión febril tienen alrededor de un 50 por ciento de probabilidad de tener otra. En algunos casos, el médico recomienda medicamentos para evitar otras convulsiones febriles.

Qué puede hacer:

Si el niño tiene una convulsión:

  • Acuéstelo en la cama o en el piso. Retire todo objeto duro o filoso del área.
  • Colóquelo de costado o con la cabeza hacia un costado. Esto ayudará a que no se ahogue en caso de vómitos.
  • No coloque nada en la boca del niño.
  • Llame al profesional de la salud cuando se detenga la convulsión. Puede recomendar algunos estudios para descartar infecciones u otras causas. Si el profesional no está disponible, lleve al niño a la sala de emergencias.

Pídale a otra persona que llame para recibir asistencia médica de emergencia mientras usted permanece con el niño si:

  • La convulsión dura más de 2 ó 3 minutos
  • El niño tiene dificultad al respirar

Para ayudar a evitar otra convulsión, controle la temperatura del niño durante la enfermedad. El profesional de la salud del niño puede recomendar acetaminofen (Tylenol) para bebés o niños pequeños o ibuprofen (Motrin o Advil) y baños de esponja con agua tibia.

No abrigue demasiado al niño cuando esté enfermo o tenga fiebre. La temperatura puede subir todavía más si está vestido con varias capas de ropa.

Revisado en diciembre de 2013