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Muerte del recién nacido

Muerte del neonato

El fallecimiento de un bebé antes de cumplir 28 días de vida se denomina muerte del neonato. En el 2002, en los Estados Unidos, fallecieron aproximadamente 19,000 bebés durante su primer mes de vida.1

Mientras intentan recuperarse de su dolor, es posible que los padres tengan muchas preguntas acerca de las causas de la muerte de su bebé. La siguiente información puede ayudarles a hablar al respecto con los médicos.

¿Cuáles son las causas más comunes de la muerte de un neonato?

La principal causa de muerte del neonato (recién nacido) es el nacimiento prematuro del bebé, antes de las 37 semanas de embarazo. El nacimiento prematuro y sus complicaciones provocan alrededor del 30 por ciento de las muertes de los neonatos.2 Cuanto más tiempo antes nace el bebé, más probable es que muera. Cerca del 20 al 35 por ciento de los bebés que nacen a las 23 semanas de embarazo consiguen sobrevivir, mientras que aproximadamente del 50 al 70 por ciento de los bebés nacidos a las 24 y 25 semanas, y más del 90 por ciento de aquellos nacidos a las 26 y 27 semanas de embarazo sobreviven.1,3

Aproximadamente el 12 por ciento de los bebés nace en forma prematura.4 No se conocen a fondo las causas del parto prematuro. En algunos casos, la mujer embarazada puede tener problemas de salud (como alta presión arterial) o experimentar complicaciones durante el embarazo (como problemas de placenta) que aumentan su riesgo de dar a luz en forma prematura. Las mujeres que ya han tenido un parto prematuro, están embarazadas de mellizos (o más de dos bebés) o tienen ciertas anomalías en el útero o cuello uterino también corren un mayor riesgo. Con mayor frecuencia, el parto prematuro se presenta de manera inesperada en un embarazo que hasta ese momento no había sido problemático.

Los bebés prematuros, especialmente aquellos que nacen antes de las 32 semanas de gestación y que pesan menos de 3 y 1/3 libras (1 kg y medio), a menudo desarrollan el síndrome de dificultad respiratoria (RDS, por sus siglas en inglés). Alrededor de 23.000 bebés desarrollan RDS cada año.4

Los bebés con RDS tienen pulmones subdesarrollados que carecen de una proteína llamada surfactante, que impide que las pequeñas bolsas de aire de los pulmones se compriman. El tratamiento con surfactante ha permitido reducir considerablemente el número de bebés que muere de RDS. Sin embargo, todavía cada año mueren aproximadamente 880 bebés en su período neonatal a causa del RDS.2

Aproximadamente el 25 por ciento de los bebés prematuros, por lo general nacidos antes de las 32 semanas de gestación, desarrolla hemorragias en el cerebro llamadas hemorragias intraventriculares (IVH, por sus siglas en inglés).5 Aunque en general las hemorragias cerebrales leves se resuelven por sí solas y no tienen consecuencias permanentes, o muy pocas, las hemorragias fuertes suelen producir daño cerebral o incluso la muerte.

Algunos bebés prematuros desarrollan un problema intestinal llamado enterocolitis necrótica (NEC, por sus siglas en inglés). El tratamiento con antibióticos y cirugía puede salvar a muchos bebés afectados. No obstante, algunos desarrollan daños graves en los intestinos y mueren.

Los bebés prematuros tienen sistemas inmunológicos subdesarrollados y, a veces, desarrollan infecciones graves como neumonía (infección pulmonar), sepsis (infección de la sangre) y meningitis (infección de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal). A pesar de recibir tratamiento con antibióticos y medicamentos antivirales, algunos bebés mueren.

Si bien las muertes trágicas debidas a los nacimientos prematuros todavía son muy comunes, el pronóstico para estos bebés está mejorando. El tratamiento con surfactante y otros tratamientos  salvan cada vez más bebés prematuros. A veces un tratamiento antes de nacer puede prevenir o reducir las complicaciones propias de los nacimientos prematuros. Las mujeres con probabilidad de dar a luz entre las semanas 24 y 34 de gestación deben recibir al menos varios días antes del parto un tratamiento con drogas llamadas corticosteroides, que aceleran la maduración de los pulmones fetales.6 Los estudios muestran que este tratamiento reduce la incidencia de RDS, hemorragias cerebrales y muerte del bebé.6

Los defectos de nacimiento causan aproximadamente el 21 por ciento de las muertes de los neonatos.2 Los bebés con defectos congénitos pueden ser prematuros o nacidos a término. Algunos padres llegan a saber sobre los defectos de nacimiento de su bebé aun antes de que nazca gracias a pruebas prenatales, como ultrasonido, amniocentesis y análisis de muestra de la vellosidad coriónica (CVS, por sus siglas en inglés). El ultrasonido utiliza ondas sonoras para tomar una fotografía del feto. Puede ayudar a diagnosticar defectos de nacimiento estructurales, tales como espina bífida (también llamada "espina dorsal abierta"), anencefalia (defecto del tubo neural) y defectos del corazón y los riñones. En la amniocentesis, el médico introduce una aguja delgada en el abdomen de la mujer embarazada para extraer una pequeña cantidad de líquido amniótico el cual se analiza. En la muestra del villus coriónico, el médico introduce un tubo delgado a través de la vagina o a través de una aguja en el abdomen, para tomar una pequeña muestra de tejido de la placenta en desarrollo. La amniocentesis y la muestra del villus coriónico se utilizan para diagnosticar anomalías cromosómicas, tales como el síndrome de Down y numerosos defectos de nacimiento de tipo genético.

Otras causas de muerte de neonatos son los problemas relacionados con complicaciones durante el embarazo, como aquellas vinculadas a la placenta, el cordón umbilical y las membranas (bolsa amniótica); e infecciones y la asfixia (la falta de oxígeno antes de nacer o durante el nacimiento).2

¿Cuáles son los defectos de nacimiento que más comúnmente provocan la muerte de un neonato?

Los defectos del corazón son la causa más común de muerte de los neonatos provocada por defectos de nacimiento durante el primer año de vida.7 Los defectos cardíacos causan aproximadamente un tercio de estas muertes.2 Aproximadamente uno de cada 125 bebés nace con un defecto cardíaco.8

Gracias a las mejoras conseguidas en el tratamiento quirúrgico y médico de estos defectos, la mayoría de estos bebés sobrevive y crece normalmente. Sin embargo, algunos bebés con defectos cardíacos graves no alcanzan a vivir hasta el momento de la cirugía o no sobreviven la intervención quirúrgica. Muchos bebés que mueren a causa de defectos cardíacos durante el primer mes de vida tienen un defecto cardíaco específico llamado hipoplasia del lado izquierdo del corazón, en el cual la cavidad más importante del corazón es demasiado pequeña para abastecer de sangre el cuerpo.

Los nuevos procedimientos quirúrgicos están salvando más bebés con este defecto cardíaco pero muchos siguen muriendo. En general, se desconocen las causas de las malformaciones en el corazón del bebé, aunque se cree que éstas radican en factores genéticos y ambientales.

Los defectos congénitos en los pulmones son otra causa común de muerte de los neonatos. A veces uno de los pulmones (o ambos) no se desarrolla en absoluto o lo hace en forma incompleta, por razones que no se conocen. En la mayoría de los casos, los pulmones no se desarrollan correctamente por causa de otros defectos de nacimiento o debido a complicaciones durante el embarazo que interfieren con su desarrollo. Muchos bebés mueren debido a complicaciones que se producen en los pulmones subdesarrollados como consecuencia de su nacimiento prematuro.

Las anomalías cromosómicas son otra causa común de muerte de neonatos. Normalmente, los humanos tenemos 46 cromosomas, las ínfimas estructuras entrelazadas de nuestras células que portan nuestros genes. Éstos son las unidades hereditarias fundamentales que determinan todas nuestras facciones, desde el color de los ojos hasta el funcionamiento de los órganos internos. Sin embargo, a veces un bebé nace con un cromosoma de más o de menos. En la mayoría de los casos, un embrión que tiene una anomalía cromosómica no sobrevive y el embarazo termina en un aborto espontáneo. Pero a veces el feto sobrevive hasta el momento de nacer y muere a las pocas semanas de vida. Por ejemplo, los bebés con una copia adicional del cromosoma 18 o del cromosoma 13 (trisomía 18 y trisomía 13, respectivamente) traen múltiples defectos de nacimiento;  por lo general mueren durante las primeras semanas o meses de vida. Los bebés con anomalías cromosómicas menos graves, como el síndrome de Down (trisomía 21), a menudo sobreviven pero suelen tener discapacidad intelectual y otros problemas graves.

Los defectos de nacimiento que tienen que ver con el cerebro y con el sistema nervioso central son otra causa importante de la muerte de los neonatos. Un ejemplo es la anencefalia, en la que la mayor parte del cerebro y del cráneo están ausentes. Los bebés con anencefalia pueden nacer sin vida o fallecer durante los primeros días de vida. A menudo, es posible detectar este defecto antes del nacimiento por medio de un análisis de sangre, ultrasonido y amniocentesis. Muchas veces es posible prevenir su ocurrencia en otro embarazo cuando la mujer toma ácido fólico (vitaminaB) antes de concebir y durante los primeros meses de embarazo. Una mujer que ha tenido un bebé con anencefalia, o un defecto congénito relacionado llamado espina bífida, debe consultar a su médico antes de tener otro embarazo para saber cuánto ácido fólico debe tomar. Por lo general, se recomienda una dosis superior a la normal (generalmente 4 miligramos).9

¿Con qué apoyo cuentan los padres que sufren la pérdida de su bebé?

Los padres de bebés críticamente enfermos que se encuentran en la unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU, por sus siglas en inglés) necesitan el apoyo de su familia, de sus amigos y de los profesionales de la salud. En ningún momento deben dudar en preguntarles a los médicos y a las enfermeras a cargo de su bebé sobre el confort y los cuidados que éste está recibiendo, o cómo pueden colaborar para sentir que están ayudando y poder guardar algunos recuerdos de su bebé. Algunos hospitales tienen grupos de apoyo donde los padres de bebés recién nacidos muy enfermos pueden compartir sus sentimientos. Muchos cuentan además con grupos de apoyo para padres cuyos bebés han muerto. Los padres que tienen dificultades para superar su dolor, antes o después del fallecimiento de su bebé, deben pedirle a su médico que los refiera a un consejero especializado en cómo lidiar con la muerte de un bebé. Algunas NICU participan en el Programa NICU Apoyo para la familia® de March of Dimes, que proporciona información, consuelo y servicios a familias que tienen un bebé en la NICU.

¿Qué sucede después de la muerte del bebé?

Después de la pérdida del bebé, es posible que se les pregunte a los padres si desean verlo o tenerlo en sus brazos un momento. A algunos padres esto les resulta reconfortante mientras que otros no pueden afrontarlo. Los padres deben hacer lo que sientan que está bien. A veces los médicos les preguntan a los padres si desean conservar algún recuerdo de su bebé, como un rizo de su cabello, las huellas de sus pies o la manta con la que lo cobijaron al nacer. Aunque al principio ver estos objetos puede producirles dolor, es posible que con el tiempo los padres atesoren estos recuerdos. El personal del hospital también puede proporcionarles información acerca de servicios fúnebres y de recordación.

Los médicos visitarán a los padres en el hospital y les informarán lo que saben acerca de la causa de la muerte del bebé. Pueden sugerir una autopsia para intentar averiguar algo más. Este examen interno del cuerpo del bebé permite obtener más información acerca de la causa de su muerte en más de un tercio de los casos.10 Esta información puede resultarles útil a los padres que estén planeando un nuevo embarazo y podría servir para mejorar los cuidados en un embarazo futuro. A algunos padres no les agrada la idea de realizar una autopsia y pueden optar por no hacerla. En estos casos, hay otras pruebas que pueden ayudar a determinar la causa de la muerte del bebé, tales como radiografías, un examen de la placenta y el cordón umbilical, y pruebas genéticas. Algunas de ellas también se realizan junto con la autopsia.

Por lo general, los médicos que atendieron al recién nacido se reúnen con los padres unas 4 a 6 semanas después de la muerte del bebé para comunicarles los resultados de las pruebas. En esta oportunidad, podrán responder las preguntas de los padres en más detalles. Los médicos también pueden referir a la familia a consejeros o grupos de apoyo.

Recomendamos a los padres que hayan tenido un bebé con un defecto congénito que consulten a un especialista en genética. Estos profesionales de la salud ayudan a las familias a entender lo que se sabe acerca de las causas de un determinado defecto congénito y las probabilidades de que el mismo defecto vuelva a producirse en otro embarazo. Los especialistas en genética también pueden referir a la pareja a médicos especialistas y a grupos de apoyo adecuados en la comunidad.

Referencias

  1. Matthews, T.J., et al. Infant Mortality Statistics from the 2002 Period Linked Birth/Infant Death Data Set. National Vital Statistics Reports, volumen 53, número 10, 24 de noviembre de 2005.
  2. National Center for Health Statistics. 2002 Period Linked Birth/Infant Death Data.
  3. Alexander, G.R., et al. U.S. Birth Weight/Gestational Age-Specific Neonatal Mortality: 1995-1997 Rates for Whites, Hispanics, and Blacks. Pediatrics, volumen 111, número 1, enero de 2003, páginas e61-66.
  4. Martin, J.A., et al. Births: Final Data for 2003. National Vital Statistics Reports, volumen 54, número 2, 8 de septiembre de 2005.
  5. Horbar, J.D., et al. Trends in Mortality and Morbidity for Very Low Birth Weight Infants, 1991-1999. Pediatrics, volumen 110, número 1, julio de 2002, páginas 143-151.
  6. American Academy of Pediatrics (AAP) and American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Guidelines for Perinatal Care, Fifth Edition, Elk Grove Village, IL and Washington, DC, 2002.
  7. Hoyert, D.L., et al. Deaths: Preliminary Data for 2003. National Vital Statistics Reports, volumen 53, número 15, 28 de febrero de 2005.
  8. American Heart Association. Congenital Heart Defects in Children, consultado 20/12/05.
  9. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Folic Acid: Public Health Service Recommendations, actualizado 26/7/05.
  10. Laing, I.A. Clinical Aspects of Neonatal Death and Autopsy. Seminars in Neonatology, volumen 9, 2004, páginas 247-254.

Marzo del 2006

El fallecimiento de un bebé antes de cumplir 28 días de vida se denomina muerte del neonato. En el 2002, en los Estados Unidos, fallecieron aproximadamente 19,000 bebés durante su primer mes de vida.1

Mientras intentan recuperarse de su dolor, es posible que los padres tengan muchas preguntas acerca de las causas de la muerte de su bebé. La siguiente información puede ayudarles a hablar al respecto con los médicos.

¿Cuáles son las causas más comunes de la muerte de un neonato?

La principal causa de muerte del neonato (recién nacido) es el nacimiento prematuro del bebé, antes de las 37 semanas de embarazo. El nacimiento prematuro y sus complicaciones provocan alrededor del 30 por ciento de las muertes de los neonatos.2 Cuanto más tiempo antes nace el bebé, más probable es que muera. Cerca del 20 al 35 por ciento de los bebés que nacen a las 23 semanas de embarazo consiguen sobrevivir, mientras que aproximadamente del 50 al 70 por ciento de los bebés nacidos a las 24 y 25 semanas, y más del 90 por ciento de aquellos nacidos a las 26 y 27 semanas de embarazo sobreviven.1,3

Aproximadamente el 12 por ciento de los bebés nace en forma prematura.4 No se conocen a fondo las causas del parto prematuro. En algunos casos, la mujer embarazada puede tener problemas de salud (como alta presión arterial) o experimentar complicaciones durante el embarazo (como problemas de placenta) que aumentan su riesgo de dar a luz en forma prematura. Las mujeres que ya han tenido un parto prematuro, están embarazadas de mellizos (o más de dos bebés) o tienen ciertas anomalías en el útero o cuello uterino también corren un mayor riesgo. Con mayor frecuencia, el parto prematuro se presenta de manera inesperada en un embarazo que hasta ese momento no había sido problemático.

Los bebés prematuros, especialmente aquellos que nacen antes de las 32 semanas de gestación y que pesan menos de 3 y 1/3 libras (1 kg y medio), a menudo desarrollan el síndrome de dificultad respiratoria (RDS, por sus siglas en inglés). Alrededor de 23.000 bebés desarrollan RDS cada año.4

Los bebés con RDS tienen pulmones subdesarrollados que carecen de una proteína llamada surfactante, que impide que las pequeñas bolsas de aire de los pulmones se compriman. El tratamiento con surfactante ha permitido reducir considerablemente el número de bebés que muere de RDS. Sin embargo, todavía cada año mueren aproximadamente 880 bebés en su período neonatal a causa del RDS.2

Aproximadamente el 25 por ciento de los bebés prematuros, por lo general nacidos antes de las 32 semanas de gestación, desarrolla hemorragias en el cerebro llamadas hemorragias intraventriculares (IVH, por sus siglas en inglés).5 Aunque en general las hemorragias cerebrales leves se resuelven por sí solas y no tienen consecuencias permanentes, o muy pocas, las hemorragias fuertes suelen producir daño cerebral o incluso la muerte.

Algunos bebés prematuros desarrollan un problema intestinal llamado enterocolitis necrótica (NEC, por sus siglas en inglés). El tratamiento con antibióticos y cirugía puede salvar a muchos bebés afectados. No obstante, algunos desarrollan daños graves en los intestinos y mueren.

Los bebés prematuros tienen sistemas inmunológicos subdesarrollados y, a veces, desarrollan infecciones graves como neumonía (infección pulmonar), sepsis (infección de la sangre) y meningitis (infección de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal). A pesar de recibir tratamiento con antibióticos y medicamentos antivirales, algunos bebés mueren.

Si bien las muertes trágicas debidas a los nacimientos prematuros todavía son muy comunes, el pronóstico para estos bebés está mejorando. El tratamiento con surfactante y otros tratamientos  salvan cada vez más bebés prematuros. A veces un tratamiento antes de nacer puede prevenir o reducir las complicaciones propias de los nacimientos prematuros. Las mujeres con probabilidad de dar a luz entre las semanas 24 y 34 de gestación deben recibir al menos varios días antes del parto un tratamiento con drogas llamadas corticosteroides, que aceleran la maduración de los pulmones fetales.6 Los estudios muestran que este tratamiento reduce la incidencia de RDS, hemorragias cerebrales y muerte del bebé.6

Los defectos de nacimiento causan aproximadamente el 21 por ciento de las muertes de los neonatos.2 Los bebés con defectos congénitos pueden ser prematuros o nacidos a término. Algunos padres llegan a saber sobre los defectos de nacimiento de su bebé aun antes de que nazca gracias a pruebas prenatales, como ultrasonido, amniocentesis y análisis de muestra de la vellosidad coriónica (CVS, por sus siglas en inglés). El ultrasonido utiliza ondas sonoras para tomar una fotografía del feto. Puede ayudar a diagnosticar defectos de nacimiento estructurales, tales como espina bífida (también llamada "espina dorsal abierta"), anencefalia (defecto del tubo neural) y defectos del corazón y los riñones. En la amniocentesis, el médico introduce una aguja delgada en el abdomen de la mujer embarazada para extraer una pequeña cantidad de líquido amniótico el cual se analiza. En la muestra del villus coriónico, el médico introduce un tubo delgado a través de la vagina o a través de una aguja en el abdomen, para tomar una pequeña muestra de tejido de la placenta en desarrollo. La amniocentesis y la muestra del villus coriónico se utilizan para diagnosticar anomalías cromosómicas, tales como el síndrome de Down y numerosos defectos de nacimiento de tipo genético.

Otras causas de muerte de neonatos son los problemas relacionados con complicaciones durante el embarazo, como aquellas vinculadas a la placenta, el cordón umbilical y las membranas (bolsa amniótica); e infecciones y la asfixia (la falta de oxígeno antes de nacer o durante el nacimiento).2

¿Cuáles son los defectos de nacimiento que más comúnmente provocan la muerte de un neonato?

Los defectos del corazón son la causa más común de muerte de los neonatos provocada por defectos de nacimiento durante el primer año de vida.7 Los defectos cardíacos causan aproximadamente un tercio de estas muertes.2 Aproximadamente uno de cada 125 bebés nace con un defecto cardíaco.8

Gracias a las mejoras conseguidas en el tratamiento quirúrgico y médico de estos defectos, la mayoría de estos bebés sobrevive y crece normalmente. Sin embargo, algunos bebés con defectos cardíacos graves no alcanzan a vivir hasta el momento de la cirugía o no sobreviven la intervención quirúrgica. Muchos bebés que mueren a causa de defectos cardíacos durante el primer mes de vida tienen un defecto cardíaco específico llamado hipoplasia del lado izquierdo del corazón, en el cual la cavidad más importante del corazón es demasiado pequeña para abastecer de sangre el cuerpo.

Los nuevos procedimientos quirúrgicos están salvando más bebés con este defecto cardíaco pero muchos siguen muriendo. En general, se desconocen las causas de las malformaciones en el corazón del bebé, aunque se cree que éstas radican en factores genéticos y ambientales.

Los defectos congénitos en los pulmones son otra causa común de muerte de los neonatos. A veces uno de los pulmones (o ambos) no se desarrolla en absoluto o lo hace en forma incompleta, por razones que no se conocen. En la mayoría de los casos, los pulmones no se desarrollan correctamente por causa de otros defectos de nacimiento o debido a complicaciones durante el embarazo que interfieren con su desarrollo. Muchos bebés mueren debido a complicaciones que se producen en los pulmones subdesarrollados como consecuencia de su nacimiento prematuro.

Las anomalías cromosómicas son otra causa común de muerte de neonatos. Normalmente, los humanos tenemos 46 cromosomas, las ínfimas estructuras entrelazadas de nuestras células que portan nuestros genes. Éstos son las unidades hereditarias fundamentales que determinan todas nuestras facciones, desde el color de los ojos hasta el funcionamiento de los órganos internos. Sin embargo, a veces un bebé nace con un cromosoma de más o de menos. En la mayoría de los casos, un embrión que tiene una anomalía cromosómica no sobrevive y el embarazo termina en un aborto espontáneo. Pero a veces el feto sobrevive hasta el momento de nacer y muere a las pocas semanas de vida. Por ejemplo, los bebés con una copia adicional del cromosoma 18 o del cromosoma 13 (trisomía 18 y trisomía 13, respectivamente) traen múltiples defectos de nacimiento;  por lo general mueren durante las primeras semanas o meses de vida. Los bebés con anomalías cromosómicas menos graves, como el síndrome de Down (trisomía 21), a menudo sobreviven pero suelen tener discapacidad intelectual y otros problemas graves.

Los defectos de nacimiento que tienen que ver con el cerebro y con el sistema nervioso central son otra causa importante de la muerte de los neonatos. Un ejemplo es la anencefalia, en la que la mayor parte del cerebro y del cráneo están ausentes. Los bebés con anencefalia pueden nacer sin vida o fallecer durante los primeros días de vida. A menudo, es posible detectar este defecto antes del nacimiento por medio de un análisis de sangre, ultrasonido y amniocentesis. Muchas veces es posible prevenir su ocurrencia en otro embarazo cuando la mujer toma ácido fólico (vitaminaB) antes de concebir y durante los primeros meses de embarazo. Una mujer que ha tenido un bebé con anencefalia, o un defecto congénito relacionado llamado espina bífida, debe consultar a su médico antes de tener otro embarazo para saber cuánto ácido fólico debe tomar. Por lo general, se recomienda una dosis superior a la normal (generalmente 4 miligramos).9

¿Con qué apoyo cuentan los padres que sufren la pérdida de su bebé?

Los padres de bebés críticamente enfermos que se encuentran en la unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU, por sus siglas en inglés) necesitan el apoyo de su familia, de sus amigos y de los profesionales de la salud. En ningún momento deben dudar en preguntarles a los médicos y a las enfermeras a cargo de su bebé sobre el confort y los cuidados que éste está recibiendo, o cómo pueden colaborar para sentir que están ayudando y poder guardar algunos recuerdos de su bebé. Algunos hospitales tienen grupos de apoyo donde los padres de bebés recién nacidos muy enfermos pueden compartir sus sentimientos. Muchos cuentan además con grupos de apoyo para padres cuyos bebés han muerto. Los padres que tienen dificultades para superar su dolor, antes o después del fallecimiento de su bebé, deben pedirle a su médico que los refiera a un consejero especializado en cómo lidiar con la muerte de un bebé. Algunas NICU participan en el Programa NICU Apoyo para la familia® de March of Dimes, que proporciona información, consuelo y servicios a familias que tienen un bebé en la NICU.

¿Qué sucede después de la muerte del bebé?

Después de la pérdida del bebé, es posible que se les pregunte a los padres si desean verlo o tenerlo en sus brazos un momento. A algunos padres esto les resulta reconfortante mientras que otros no pueden afrontarlo. Los padres deben hacer lo que sientan que está bien. A veces los médicos les preguntan a los padres si desean conservar algún recuerdo de su bebé, como un rizo de su cabello, las huellas de sus pies o la manta con la que lo cobijaron al nacer. Aunque al principio ver estos objetos puede producirles dolor, es posible que con el tiempo los padres atesoren estos recuerdos. El personal del hospital también puede proporcionarles información acerca de servicios fúnebres y de recordación.

Los médicos visitarán a los padres en el hospital y les informarán lo que saben acerca de la causa de la muerte del bebé. Pueden sugerir una autopsia para intentar averiguar algo más. Este examen interno del cuerpo del bebé permite obtener más información acerca de la causa de su muerte en más de un tercio de los casos.10 Esta información puede resultarles útil a los padres que estén planeando un nuevo embarazo y podría servir para mejorar los cuidados en un embarazo futuro. A algunos padres no les agrada la idea de realizar una autopsia y pueden optar por no hacerla. En estos casos, hay otras pruebas que pueden ayudar a determinar la causa de la muerte del bebé, tales como radiografías, un examen de la placenta y el cordón umbilical, y pruebas genéticas. Algunas de ellas también se realizan junto con la autopsia.

Por lo general, los médicos que atendieron al recién nacido se reúnen con los padres unas 4 a 6 semanas después de la muerte del bebé para comunicarles los resultados de las pruebas. En esta oportunidad, podrán responder las preguntas de los padres en más detalles. Los médicos también pueden referir a la familia a consejeros o grupos de apoyo.

Recomendamos a los padres que hayan tenido un bebé con un defecto congénito que consulten a un especialista en genética. Estos profesionales de la salud ayudan a las familias a entender lo que se sabe acerca de las causas de un determinado defecto congénito y las probabilidades de que el mismo defecto vuelva a producirse en otro embarazo. Los especialistas en genética también pueden referir a la pareja a médicos especialistas y a grupos de apoyo adecuados en la comunidad.

Referencias

  1. Matthews, T.J., et al. Infant Mortality Statistics from the 2002 Period Linked Birth/Infant Death Data Set. National Vital Statistics Reports, volumen 53, número 10, 24 de noviembre de 2005.
  2. National Center for Health Statistics. 2002 Period Linked Birth/Infant Death Data.
  3. Alexander, G.R., et al. U.S. Birth Weight/Gestational Age-Specific Neonatal Mortality: 1995-1997 Rates for Whites, Hispanics, and Blacks. Pediatrics, volumen 111, número 1, enero de 2003, páginas e61-66.
  4. Martin, J.A., et al. Births: Final Data for 2003. National Vital Statistics Reports, volumen 54, número 2, 8 de septiembre de 2005.
  5. Horbar, J.D., et al. Trends in Mortality and Morbidity for Very Low Birth Weight Infants, 1991-1999. Pediatrics, volumen 110, número 1, julio de 2002, páginas 143-151.
  6. American Academy of Pediatrics (AAP) and American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Guidelines for Perinatal Care, Fifth Edition, Elk Grove Village, IL and Washington, DC, 2002.
  7. Hoyert, D.L., et al. Deaths: Preliminary Data for 2003. National Vital Statistics Reports, volumen 53, número 15, 28 de febrero de 2005.
  8. American Heart Association. Congenital Heart Defects in Children, consultado 20/12/05.
  9. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Folic Acid: Public Health Service Recommendations, actualizado 26/7/05.
  10. Laing, I.A. Clinical Aspects of Neonatal Death and Autopsy. Seminars in Neonatology, volumen 9, 2004, páginas 247-254.

Marzo del 2006